El Tomate

Aprenda algo sobre El Tomate

29.10.2012 19:38

El Tomate es una planta de clima calido pero se adapta muy bien a climas templados;
por lo que en El Salvador se puede sembrar en gran parte del territorio, prefiriéndose
aquellos ubicados en alturas entre los 100 y 1500 m.s.n.m.
Este cultivo se puede sembrar todo el año, pero los problemas cambian según la época.
En el período de lluvias la incidencia de enfermedades es mayor mientras que durante
la época seca las plagas son el mayor problema. Sin embargo dichos problemas son
superables mediante un conjunto de prácticas agrícolas que incluyan métodos de
manejo y controles adecuados, los cuales tienen que ser realizados en el momento y la
forma precisa en que se indican, ya que de éstas depende el éxito de una buena
cosecha.

• Luminosidad o Radiación
La luz solar es un pre-requisito para el crecimiento de la planta. El crecimiento es
producido por el proceso de fotosíntesis, el cual se da sólo cuando la luz es absorbida
por la clorofila (pigmento verde) en las partes verdes de la planta mayormente ubicadas
en las hojas.
El tomate es un cultivo que no lo afecta el fotoperíodo o largo del día, sus necesidades
de luz oscilan entre las 8 y 16 horas; aunque requiere buena iluminación. Los días
soleados y sin interferencia de nubes, estimulan el crecimiento y desarrollo normal del
cultivo. Por lo que esperaríamos que en nuestro medio, no se tengan muchos
problemas de desarrollo de flores y cuaje de frutos por falta de luz.
En la práctica se ha observado que los distanciamientos de siembra pueden afectar el
desarrollo de las primeras flores por falta de luz, principalmente en aquellas variedades
que tienden a producir mucha ramificación o crecimiento de chupones laterales (Ej.
Sheriff), lo cual impide que la luz penetre hasta donde se lleva a cabo el desarrollo de
los primeros racimos florales, afectando el cuaje y crecimiento de los frutos. Esta
desventaja se puede solucionar haciendo podas de los chupones que crecen por
debajo de los primeros racimos florales, o dando más distanciamiento entre plantas.

• Temperatura
La temperatura del aire es el principal componente del ambiente que influye en el
crecimiento vegetativo, desarrollo de racimos florales, el cuaje de frutos, desarrollo de
frutos, maduración de los frutos y la calidad de los frutos.
Los rangos para un desarrollo óptimo del cultivo oscilan entre los 28 - 30º C durante el
día y 15 - 18º C durante la noche. Temperaturas de más de 35º C y menos de 10º C
durante la floración provocan caída de flor y limitan el cuajado del fruto, aunque puede

haber diferencias entre cultivares, ya que las casas productoras de semillas, año con
año, mejoran estos aspectos a nivel genético, por lo que hoy en día podemos encontrar
variedades que cuajan perfectamente a temperaturas altas.

• Humedad Relativa
La humedad relativa óptima para el cultivo de tomate oscila entre 65 - 70 %; dentro de
este rango se favorece el desarrollo normal de la polinización, garantizando así una
buena producción; ya que por ejemplo, si tenemos condiciones de baja humedad
relativa (- de 45%) la tasa de transpiración de la planta crece, lo que puede acarrear
estrés hídrico, cierre estomático y reducción de fotosíntesis, afectando directamente la
polinización especialmente en la fase de fructificación cuando la actividad radicular es
menor.

Valores extremos de humedad reducen el cuajado de los frutos; valores muy altos,
especialmente con baja iluminación, reducen la viabilidad del polen, y puede limitar la
evapotranspiración (ET), reducir la absorción de agua y nutrientes y generar déficit de
elementos como el calcio, induciendo desórdenes fisiológicos (podredumbre apical del
fruto), además esta condición es muy favorable para el desarrollo de enfermedades
fungosas. Por otro lado valores muy bajos producen grandes exigencias en la
evapotranspiración, lo que puede generar que la planta aumente el consumo de agua y
deje de consumir nutrientes, limitando su crecimiento y acumulando sales en el medio,
las cuales pueden llegar a ser un problema más, para el buen desarrollo del cultivo.

• Suelos
Las plantas en su ambiente natural tienen que vivir, sin casi ninguna excepción en
asociación con el suelo, una asociación conocida como relación suelo-planta. El suelo
provee cuatro necesidades básicas de las plantas: agua, nutrientes, oxígeno y soporte.
Se considera que un suelo ideal debe de tener las siguientes condiciones: 45% de
minerales, 5% de materia orgánica, 25% de agua y 25% de aire o espacio poroso. El
tipo y la cantidad relativa de minerales, más los constituyentes orgánicos del suelo,
determinan las propiedades químicas del suelo.
Los suelos aptos para cultivar tomate son los de media a mucha fertilidad, profundos y
bien drenados, pudiendo ser franco-arenosos, arcillo-arenosos y orgánicos. El pH del
suelo tiene que estar dentro de un rango de 5.9-6.5, para tener el mejor
aprovechamiento de los fertilizantes que se apliquen.
Contar con un buen análisis de suelos antes de la siembra, es una condición
indispensable para poder manejar un plan de fertilización adecuado a los rendimientos
esperados; además nos sirve para hacer alguna enmienda en el suelo; es decir, hacer
las aplicaciones de cal o materia orgánica necesaria para tener las condiciones
requeridas para un desarrollo normal del cultivo.

Otro aspecto que se debe de considerar cuando se decide sembrar tomate, es que
donde el suelo ha sido dedicado a la ganadería, debe de tenerse cuidado con la
variedad a sembrar, ya que hemos observado en todas las siembras que hemos hecho.

Sembrar tomates en casa..

29.10.2012 19:52

MATERIALES
1 maceta grande o medio tonel.
4 tutores de 1,5 m de altura.
2 bolsones de tierra preparada;
1 bolsón chico de humus de lombriz.
1 rollo de hilo sisal. semillas de tomate cherry (Lycopersicum pinpinellifolium).



El tomate  es fácil de cultivar, y da una buena producción. Se puede plantar en una maceta de por lo menos de 50 o 60 cm de profundidad e igual diámetro, ya que si la maceta es grande, podrá desarrollarse bien, florecer y fructificar.

La maceta debe estar bien al sol, pero no en un rincón muy caliente porque esto retarda el crecimiento de la planta. Se podrán sembrar las semillas cuando hayan terminado las heladas y las noches muy frías, a 1 cm de profundidad, dos o tres por pozo. Luego se riega profundamente y se tapa la maceta con un plástico transparente hasta que germine (este proceso lleva entre seis y ocho días). Pasado este lapso se eligen las plantuelas más fuertes y se retiran las más débiles, dejando sólo dos plantas por tutor. Cada tutor se entierra por lo menos a 30 a 35 cm de profundidad y luego se atan los extremos como si se tratase de una carpa india. Hay que aporcar de a poco la plantuela con tierra alrededor para que eche más raíces y se desarrolle mejor.

En el centro de los cuatro tutores y las ocho plantuelas se efectúa un pozo para el riego. Se deberá regar cada cuatro o cinco días, según el sol y el viento (que aceleran la evaporación). Recordá que el riego hace que la planta se desarrolle mejor.

Cuando comience a crecer habrá que ir atándole el tronco principal al tutor y sacar el brote axilar (entre el tronco principal y la rama nueva o lateral). Cosechá los tomates más maduros; así serán más dulces y tendrán más sabor.

Si queremos abonar las plantas, agregaremos humus de lombriz o compost, solamente usaremos abono orgánico. Podemos plantar perejil o ciboulette en el borde para que protejan a nuestras plantas de la mosca blanca.

Recordá no regar demasiado porque el exceso de humedad trae mildiu, una enfermedad que se manifiesta en manchas negras en hojas y tallos, que termina secando la planta.

Una buena idea consiste en poner un pequeño hilo de cobre clavado la punta del tronco en la parte más baja, y luego enrollar alrededor del tallo lo que sobra (el hilo no debe medir más de 5 o 7 cm). El cobre en contacto con la planta libera iones que impiden el avance de hongos, entre ellos el mildiu. Los pulgones se sacan a mano, se ponen en una bolsita y se tiran a la basura.